martes, 2 de junio de 2015

Torsos desnudos


Ausentes de algodones teñidos.
Cuero secándose al sol.
Transparente la letra.
Lienzos repletos de verdades, mapas indescifrables.
La mañana amaina. 
La ilusión envuelta en celofán.
Una sinfonía que entonan las aves del lugar.
Los más curiosos se acercan a vislumbrar,
entre mates y cigarras, el rio empieza a resonar.
Conociendo nuestros mas fieles amigos,
 reunidos por el viento, la soledad y la eterna compañía.

Todo eso que un día comenzó,
hoy camina sombras inciertas.
Tantas certezas que se vuelven interrogantes, 
tanto augurios ya infinitos,
y esta tristeza de perro al abandono,
que te extraña y te abraza.

En la fuerte de las tempestades,
la del corazón,
el mar profundo, de tu interior.

Nueces

Al amanecer, 
Miraba la delicada finura, de una ola romper,
el cristal de la tranquilidad, del silencio y la espuma.
Un montón de piedras de colores, chapoteaban en la orilla.
El mar azul, reflejaba un cielo azul.
El sol, ardiente ser lejano, se ocultó tras una nube.
Por allí pasaron, al ras del mar, como en coreografía,
una bandada de pájaros.
Ninguno me habló de ti.
Pero tú voz resonaba en el viento,
y la arena raspaba mis tobillos.

Tenia que viajar, transportarme sin moverme.
Un fuerte sentimiento ardía en mis entrañas.
Rozar tu piel, y el agua del mar.
Verte dormir, ir más allá de tus sueños.
Donde el futuro es hoy.
No hay más eternidad que el momento de estar, aquí y ahora.
Así pues, cada despedida será la ultima.

El suspiro del final.
Entregarnos al amor, volver a sentir y volver a mirar el mar.
Que siempre ha estado ahí.
Tan puro que estremece, tan nítido que enamora.
Y las olas rozando mi cien.
Ya estoy adentro, sumergido en vos.
En tu locura incandescente, 
en tu cuerpo cristalino como el agua misma.

La melancolia invade mi ser, 
ya no hay poetas en los cafés, nadie escribe sobre papel.
Solo hay restos, de ese amor eterno.

El segundo del despúes, cuando todo parece terminar.
Y la mirada perdida en la sombra de un almendro.
En la cola de una ardillita,que desde la copa del árbol,
 nos observa sin inmutarse.

Para ser, nada más, nada menos,
que ella misma una mañana de sol.

Su Per Flu Os

Su desinteresado amor por el mundo, me enriqueció y me infundó una fuerza invencible para los días difíciles. 
Gorki, Enfance


El azulado crepúsculo marcó mi reloj, que no uso desde que tengo 11 años.
Mis ojos se abrieron con fuerza.
Los gallos cantaron cual si fuera un ultimo amanecer.
Y vos no estabas.
Nos enviábamos cartitas de amor, con lo que a mi me gustaba escribir, y al mismo tiempo seducirte con la lírica, con la infantil ilusión de que algún día, la correspondencia se hiciera del valor para acabar y llegase el amor, el verdadero, las caricias, los susurros al oído, las cartas por jugar..

Pero el amor es un buzón de media calle, no responde cuando lo llaman, responde cuando uno menos lo espera.

Tú eterna osadía me ha llevado a la ruina.
Ahora, solo escribo poesía inspirada en ti. 
Aunque no habites en mi.
La soledad ha gobernado mi vida los últimos veinticinco años, que más podría esperar, que encontrarte en la mesa de un café, invitarte a mirar el mar.

Las cartitas siguieron llegando, pero todo se había vuelto frustración, ya no me entusiasmaba, y jamas lo haría, un amor, sin amor.

Lo que sea que el destino tuviese preparado en su cañón a dispararme, estaba dispuesto yo a recibir.
Ya no sentia el placer de amarte en la distancia.
Mi viaje continuo hacia el norte, con rumbo incierto.
Atrás quedo, tu jardín de mil rosales, tu ilusión de tenerme, siempre tuyo.

¿ Se habrá vuelto el amor, un ser mundano ?
¿ Ajeno a todo sentir y soplar del viento ?

Tu estimada ausencia, siempre fue real.
Mi espera, no fue más que un eterno suspiro.

Jamás un girasol dirá que me quieres.
Cruel es la verdad, mas insensata la dañina ilusión, de sentir tus pasos acercandose,
tu respiración en mi aura.

Tu ausencia se esfumo, como un sueño.
Tengo la certeza que estuve allí, pero no fue nada mas que eso.
Un placentero e inacabado sueño, un chasquido. 
Un abrir de ojos.

Pues, tu amor, como el viento nena, es pasajero.

El señor

Vino de lejos, con su señora esposa.
Traia en el rostro una escueta sonrisa añejada por la desidratada rutina.
El señor entró en mi habitación sin mi consentimiento, que falta de consideración.
Quizás quería marcar su presencia y para ser más presente, el señor llamo a su empleado.
El jardín de mi alma crecía a paso ecuánime, hasta que el señor llegó.
Mandó, una mañana de oculto sol, a cortar todos los brazos de cada árbol de mango. 
Tres lunas restaban, para que la cosecha diera lo que yo llamo: “ Todo el mango que puedas comer (y sus derivados)”
El manguismo explota cada Junio en estas tierras, y es el mango fruto que representa nuestro corazón. 
Vaya casualidad, justo en el corazón del mundo abundan los corazones.
Pero el señor decidió, que este año no.
Los métodos represivos del señor, son tan frustrantes como su frustración lo es.
La presencia del señor incomodó mi calma.

Una tarde regresando de la playa, pateé una piedra con la puntita de mi pie izquierdo. Se salió la piel, y se levanto un poquito la uña. 
Sangraba y el dolor me traia a la mente, el dolor de los mangos, lloraba de pena. 
Mientras la herida de mi pie, se llenaba de arena, y de la arena brotaba la sangre.
Que imagen apocalíptica, ahora todos estábamos heridos.
Yo por la piedra, los mangos por el señor, y el señor por la vida.

Y los arboles sangraron una pena que les dejó manchas, donde antes eran sus brazos. 
Ni flores han soltado los pobres. Antiguamente, había tanto mango que venían de otros pueblos y se regalaban.
Pero este año vino el señor, y no vendrán de otros pueblos.
Como si eso no fuera suficiente, mando cortar de cuajo el limonero, y ahí las ensaladas perdieron mucho.
Si antes había limones por doquier, limón al pargo rojo, limón al aguacate, limón a la mañana…ahora solo hay una montaña de piedras que el señor mando traer, están justo donde el limonero habitaba.
Frente a esas rocas, hay una silla, es la silla del señor que mira al césped. Como si el viento llegara a su rostro, el del ventilador de pie, que su esposa saco afuera por la intensa mosquitera.
El señor no me agrada.
Su fanfarronería del machete, y su locuaz intransigencia por el mundo me provoca naufragio mental.

Se fue el señor y su esposa. Al parecer llamó un familiar, algo importante ocurrió por su tierra.
Se vuelven a buscar algo, pero nunca se detuvieron a pensar, en el mundo que los rodeaba, querían ellos rodear al mundo.
Se habrán llevado consigo, una pena tan grande como la de los palos de mango...

...que se desangran en la eternidad, que todavía sienten el rugido de la motosierra en sus ramas, que aún, sin ver, sin hablar, expresan más que muchos señores de este presente.