Vino de lejos, con su señora esposa.
Traia en el rostro una escueta sonrisa añejada por la desidratada rutina.
El señor entró en mi habitación sin mi consentimiento, que falta de consideración.
Quizás quería marcar su presencia y para ser más presente, el señor llamo a su empleado.
El jardín de mi alma crecía a paso ecuánime, hasta que el señor llegó.
Mandó, una mañana de oculto sol, a cortar todos los brazos de cada árbol de mango.
Tres lunas restaban, para que la cosecha diera lo que yo llamo: “ Todo el mango que puedas comer (y sus derivados)”
El manguismo explota cada Junio en estas tierras, y es el mango fruto que representa nuestro corazón.
Vaya casualidad, justo en el corazón del mundo abundan los corazones.
Pero el señor decidió, que este año no.
Los métodos represivos del señor, son tan frustrantes como su frustración lo es.
La presencia del señor incomodó mi calma.
Una tarde regresando de la playa, pateé una piedra con la puntita de mi pie izquierdo. Se salió la piel, y se levanto un poquito la uña.
Sangraba y el dolor me traia a la mente, el dolor de los mangos, lloraba de pena.
Mientras la herida de mi pie, se llenaba de arena, y de la arena brotaba la sangre.
Que imagen apocalíptica, ahora todos estábamos heridos.
Yo por la piedra, los mangos por el señor, y el señor por la vida.
Y los arboles sangraron una pena que les dejó manchas, donde antes eran sus brazos.
Ni flores han soltado los pobres. Antiguamente, había tanto mango que venían de otros pueblos y se regalaban.
Pero este año vino el señor, y no vendrán de otros pueblos.
Como si eso no fuera suficiente, mando cortar de cuajo el limonero, y ahí las ensaladas perdieron mucho.
Si antes había limones por doquier, limón al pargo rojo, limón al aguacate, limón a la mañana…ahora solo hay una montaña de piedras que el señor mando traer, están justo donde el limonero habitaba.
Frente a esas rocas, hay una silla, es la silla del señor que mira al césped. Como si el viento llegara a su rostro, el del ventilador de pie, que su esposa saco afuera por la intensa mosquitera.
El señor no me agrada.
Su fanfarronería del machete, y su locuaz intransigencia por el mundo me provoca naufragio mental.
Se fue el señor y su esposa. Al parecer llamó un familiar, algo importante ocurrió por su tierra.
Se vuelven a buscar algo, pero nunca se detuvieron a pensar, en el mundo que los rodeaba, querían ellos rodear al mundo.
Se habrán llevado consigo, una pena tan grande como la de los palos de mango...
...que se desangran en la eternidad, que todavía sienten el rugido de la motosierra en sus ramas, que aún, sin ver, sin hablar, expresan más que muchos señores de este presente.