lunes, 8 de abril de 2013

El afinador

Para zafar al menos hoy,
te enamoras, de esa guitarra que tocas
y así caer por escaleras de delirios
creando, creyendo que el mundo ya es como es
inimaginable estado de sobriedad,
las neuronas amordazadas por sanguijuelas
que abducen sustancias de la mente

 Puñaladas de un mañana cronometrado
Apuntes de un sonido sin terminar
y así caen alas sin cuerpos,
hundidos por miles de kilos de polvo
blanco y amarillento.

En su solitaria habitación, el alma
empedernida en desaparecer
se hace añicos y la sociedad,
ríe a carcajadas en su funeral.

Tardes más tarde,
todos bailaran regocijados,
en banquetes para pocos
con veneno en la piel y sombras radioactivas

 en tu sillón aguardan las cuerdas,
que se desafinan a tu espera
ellas también quieren oír
ese sonido por terminar.

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