martes, 5 de marzo de 2013

Portada Virtual

Esta revista nace de una idea, pero más que eso parte de una actitud.
¿Qué actitud? ¿Por qué?
Pegar un portazo se transforma en un acto de rebeldía inmensamente locuaz.
Dar un portazo puede transformar una situación tensa a no quedar nada, alguien reventó la puerta de la bronca, diciendo: ¡ ACÁ ESTOY YO ! Y así salir por la puerta disparado sin regreso.
Ese acto de honestidad brutal es lo que nos trae hoy hasta aquí.
Además El portazo, puede ser el ingreso a un lugar, romper la puerta a patadas para entrar.
Algunos dirán, pero es una barbarie romper una puerta a patadas, pero cuando los caminos se cierran, hay que abrirlos con el machete.
El mundo de hoy nos cierra muchas puertas, son pocas las chances que tenemos de progresar, pero las posibilidades se amplían cuando no permitimos que nos pasen por encima.
Algunas personas tienen como primer valor el respeto por el hermano, el derecho tuyo termina donde comienza el mío, así es más fácil lograr un progreso general porque en lugar de pensar en el beneficio propio buscamos el bien común.
Otras personas simplemente se dedican a progresar por si solos y llevándose por delante lo que se interponga, a veces el fin no justifica los medios.
Por eso es que llego el portazo, para toda esa gente que tiene ganas de decirle a su jefe: ¡Me Voy! Y seguido de esas palabras estrola la puerta para dejar a los que están de este lado completamente helados, mirándose las caras y al mismo tiempo observando al jefe que no puede creer lo que acaba de suceder. El pendejo que todos maltrataban y tenían de “che pibe” acababa de realizar un acto de rebeldía,  ya no le importaba lo que piensen digan o liquiden en su sueldo final.
El quería irse y así lo hizo, por la puerta grande y dejando un planteo a todos allí presentes.
Luego de semejante situación, la persona que dio el portazo seguramente sienta un alivio inmenso, primero porque se retiro de esa sala envenenada donde el aire se cortaba con un bisturí, y segundo porque la sensación de golpear la puerta fue una descarga de energía impensada para ese sujeto, que ahora camina por corrientes y callao riendo de la sociedad y disfrutando un sol radiante que pega en la cara, camina sin prisa porque ya no lo persigue ese reloj que la sociedad le impuso para hacer su día de 24 hs. Y no llegar tarde a ningún lugar jamás.
Es mas este reloj lo vendo ya, se dice para sus adentros, mientras observa a un hombre de traje y corbata bastante desprolijo cruzar Avenida Callao totalmente bañado en transpiración por los 33 grados que hace a la sombra.
Con los 30 pesos que consiguió se fue a comer un choripan en la costanera, la brisa del río se refriega por su joven silueta, sigue pensando en el portazo.
Quien no pego un portazo alguna vez en su vida, no sabe lo que se siente pegarle una cachetada en la cara a esta sociedad.
Eso es la revista, un acto de rebeldía, una pinza que llega para abrirte los ojos y pegarte un castañazo por la mañana, no duermas mas, pega un portazo y que se queden todos helados ante tamaña actitud liberal y sembradora de rebeldía.

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