La basura va de Recoleta a Barracas, de
Uruguay a Gualeguaychú, de China a Japón.
Progresamos, nos modernizamos como sociedades,
nos tecnologizamos hasta para calentar una pava de agua, pero la basura sigue allí,
se reproduce, y a cada paso que avanzamos, dejamos atrás un universo de
desechos.
Esa misma basura que no aprendimos a
reutilizar, es la que tapa nuestras bocacalles, la que en fin, inunda nuestras
casas, porque depositarla debajo de la alfombra no significa que no exista mas,
aunque estemos convencidos de esa corrupta ecuación.
Avanzamos en lo lindo, creamos sofisticados
sistemas espaciales, pero jamás nos enseñaron a utilizar tres tachitos de
basura para depositar orgánicos, plásticos y desechables.
Retrocedemos, agachamos la mirada social, el
ojo critico y acido olvida todo eso, porque tenemos 3g en nuestros smartphones,
gran paradoja que nuestros teléfonos son smart y nosotros simples mortales.
Los años pasan, es el mundo que le dejamos a
nuestros hijos, y si nos quejamos, pues deberíamos hacerlo por nuestra actitud
de no enfrentar lo que nos corresponde, de huir ante los problemas reales.
Súper conectados, estereotipados, viviendo
bajo las leyes del capitalismo, olvidando que los bosques se consumen, el agua
se derrocha, los recursos se malgastan y solo para explotar bolsillos de
empresarios y explotar vidas humanas.
Mendigaremos mañana un mundo bello, pero el
tiempo se diluye y mañana es hoy.
El cambio comienza por nosotros, tan
filantrópicos, no comprendimos aún que el futuro no existe, solo hay un
presente repleto de mentiras sobre verdades, y aunque nos duela en el alma,
deberemos reciclar bastantes actitudes para volver a ser un mundo justo y
equitativo.
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