Junto a la montaña baja un rio,
colmado de sabiduría,
en su voz hay una pena,
el olvido del hombre.
Ya no quiere ser rio, se hace sol,
y en el camino se besa con la cumbre,
le deja la piel.
Una vez llegado al sol, el rio se arroja al vacío,
cual si fuese condor,
poseedor de alturas y silencios.
Ese pájaro, nunca imagino llegar tan alto
alla a lo lejos forjo su hogar,
sintiendo la plena libertad,
observando cada gota rozar la eternidad
cada rayo lunar penetrar la coraza del mar
Cuando el ave muere,
las montañas lloran
y se derrumban en pena,
sin pensar sobre quien caerán sus rocas,
los atardeceres se acaban antes de tiempo,
ya no quieren belleza,
solo quieren llevarse su luz,
para que los poetas se frustren,
y pierdan en la noche su inspiración.
Solo se ven estrellas,
que fugaces se suicidan,
sin ser vistar por la luna,
sin oir el canto del sol.
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