Apoye la cabeza
en la almohada dentro de mi camarote y me desmaye. El agotamiento era tal que
no sentí las piernas al reposarlas sobre el colchón.
Hacía ya 14 días
navegábamos en altamar y no había rastros ni indicios de volver a tierra firme,
los marineros ya manifestaban su malhumor como de costumbre. Razones no
faltaban, el escaso y rancio alimento, sumado a la falta de seres del sexo
opuesto, la tripulación se convertía en una hostil camaradería del sálvese quien
pueda.
Aquella noche
antes de adentrarme en mi camarote, fume un poco de tabaco en mi pipa que había
conseguido en la costa caribeña de México, observaba la luna, su reflejo en el
mar, su calma que transmitía años enteros iluminando a los barcos que navegaban
a la deriva. Por momentos el silencio era tal que ni siquiera sentía la marea
golpeando el casco de nuestra embarcación.
El descanso fue
como un baño de agua dulce entre tanta sal, y me sumergí en un trance
profundamente abismal, pero para colmo de males, mis pesadillas eran de un
barco naufragando tristemente, con un capitán muy similar al de nuestro barco
solo que ese tenia barba oscura, y nuestro capitán era de pura barba blanca. Pero más allá de eso, la tristeza que invadía mi ser, sintiéndome hundir al
fondo del océano, respirando aún bajo el agua, sintiendo la corriente de agua
fría por mis venas, podía verlo todo pero no podía evitarlo, la impotencia me
colmaba.
Nunca tocaba
fondo aquel submarino que se había construido para flotar sobre el oleaje, mi
cerebro comenzó a inflarse, o al menos esa fue mi sensación, cada segundo
quedaba menos oxígeno en mi cuerpo, y me iba convirtiendo en un ser acuático
poquito a poco.
Sentí que ese era
mi fin.
¡Cuando de
repente, desperté! No había barco, ni marea, tampoco estaba allí la
tripulación, y mucho menos mi camarote.
Me encontraba totalmente solo en el
interior de mi carpa, que había sufrido una inundación durante la tormenta
nocturna, que jamás me despertó. Mi cuerpo sumergido en un rio interno de la
carpa que me congelaba los huesos, todavía escuchaba el sonido del agua pero
era el rio que estaba muy cerca de mi campamento.
Mi pasaje fue al
mundo de los navegantes, a una antigua vida quizás, o tal vez a una futura.
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