Agua con una rodaja de limón.
Lo pedías en tu cena, y después whisky doble, sin hielo.
Por la mañana libros de autoayuda y Zen.
En total seguridad de vos misma, sin dudar de nadie.
Tenías tanto amor que decías amar casi todo.
La música, el atardecer, los colores.
La brisa en punta soberana, la quinta sembrada con menta.
Febrero llegó con frío, ese que te hela los huesos.
Que cala en lo profundo del ser.
Estaba anhelando la nieve.
Partir hacia el Ecuador, a las playas del Pacifico.
Aún quedaban desafíos en mi tierra.
Aún debo regresar a todos esos sitios que marcaron mis pasos.
Las yungas bolivianas, al salar, al ojo del Inca, al lago que parece mar.
A los cuadernos viajeros.
A dar vuelta las paginas hacia adelante.
A mirarte a los ojos, contarte lo que nunca.
Volver a empezar, a barajar.
No hay sacrificio que no traiga recompensa.
No hay boleto que te lleve a conocer tu interior.
No hay pasajeros en el vagón de adelante.