lunes, 8 de febrero de 2016

Mujer, luna, conocimiento

Agua con una rodaja de limón.
Lo pedías en tu cena, y después whisky doble, sin hielo.
Por la mañana libros de autoayuda y Zen.
En total seguridad de vos misma, sin dudar de nadie.
Tenías tanto amor que decías amar casi todo.
La música, el atardecer, los colores.
La brisa en punta soberana, la quinta sembrada con menta.

Febrero llegó con frío, ese que te hela los huesos.
Que cala en lo profundo del ser.
Estaba anhelando la nieve.
Partir hacia el Ecuador, a las playas del Pacifico. 
Aún quedaban desafíos en mi tierra.
Aún debo regresar a todos esos sitios que marcaron mis pasos.
Las yungas bolivianas, al salar, al ojo del Inca, al lago que parece mar.
A los cuadernos viajeros.
A dar vuelta las paginas hacia adelante.
A mirarte a los ojos, contarte lo que nunca.
Volver a empezar, a barajar.
No hay sacrificio que no traiga recompensa.
No hay boleto que te lleve a conocer tu interior.
No hay pasajeros en el vagón de adelante.

Lo profundo que hay en ti

Veinte versos, para decirte una sola cosa.
Fluir con el viento, el aire, el todo.
Volar al eco del hielo al agua.
Donde todo comenzó.
Aunque unos pocos lo sospechen.
Será el fin de la vida.
Eso me queda.
Menos de una vida.
Para enredarte en un cuento, en un momento que sea eterno.
Que no dure, más de lo que tiene que durar.
Y ser, que tanto nos cuesta.
El aroma de un grato momento junto a tu piel.
Tu respirarme cerca, el fin que acecha.
Un aroma trae a mi mente recuerdos.
La bahía donde caminé junto a ti.
Fluyendo aquel instante, y más nada.

Miradas

Miradas encontradas en su orbita,
silencios que no incomodan.
Su aura es de colores.
Sigue su camino de luz.
Cortando alambre de púas con sus rodillas.
La piel llena de sangre.
Ella se cae, y se levanta.
Rayo de luna en el amanecer.
Cuantos le habrán dedicado una poesía ?
Cuantos habrán sucumbido ante esa mirada ?
Encontrarte en un campo de manzanas.
En alguna esquina del sur.
Pensaba que era frío, me di cuenta que nada que ver.
Pensaba que pensando, lo hacia bien.
Cuando comprendí que solo debía sentir.
Caminar junto al corazón.
Renacer un fuego, soplar bien fuerte.
Con el cosmos soplando también.
El eterno conspirador.
De que todo lo que deseo, ocurra.
De que una mañana de intenso sol, encuentre tu mirada.

La incomoda esencia de la partida

Cuando nos despedimos, la distancia era mínima. Ambos sabíamos que tu vuelo iba al norte, y mis pies caminarían al sur.
Te encontraste con el viaje eterno de mis días, yo quería llevarte conmigo a ninguna parte, volver a ver esa sonrisa con cada amanecer.
Un día decidí que no regresaría, y el ocaso del amor parecía esparcirse en la bruma que te sobrevolaba.
Fui en busca de leña para encender el fuego, y allí estabas, aclamando mi presencia, fue el viento que te trajo hasta aquí, y no te llevaría de regreso.
Soñé estrellas fugaces que nunca acababan, que se repetían, soñé que me había quedado en alguna montaña, en la laguna de la diosa Iguaque, donde los guardabosques no podían verme, y me buscaban.
Tenía caminos alternativos, sabía que la luna salía tarde, que el sol se iba tarde.
Sentí que mi lugar en el mundo, era caminar y me hubiese encantado contar con tu compañía.

De regreso

He vuelvo al papel, a la musa inspiradora.
A la caza del momento exacto.
Al escrito sin conciencia, ese que tanto anhele.
Esa innata casualidad del tiempo.
Que no es nada y lo es todo.
Ese que es la vida, la presencia.
Nunca se termina un poeta.
Camina sin mirar a los lados.
La pereza, la calma, la mentira, la falsa alegría.
El sol se esconde tras la cordillera.
La luna oye, las luces de la ciudad encender.
El atardecer es historia de ayer.
Un punteo en la radio.
Volver es para cobardes.
O para los que no tienen más vacaciones.
Puedo amanecer, ser eterno.
Formular la mejor estación del año donde me encuentre.
Puedo salir y saber que nadie habita.
La tierra que mis ancestros caminaban sin condescendencia, sin chequera, sin estancias.
Nómadas del único cielo posible.

Cadaver I

Texto espontáneo realizado en una noche con amigos.


Caminando feliz por la vereda me encontré una flor. 
Las que heredan los campos con su brillo.
Brilló mi alma al verse reflejada en tus ojos.
Ojos que no ven, corazones que se duermen, se los lleva la corriente.
Corriente río abajo he viajado, y al llegar a un sitio, no habré llegado a destino.
Aún me queda camino, que hace correr mi sangre.
Libre de predicciones, segui fluyendo.
Con el sentido y la manera en la que ven las cosas.
Lejos de tu lugar, lejos de tu gente.
Y cuando lo empezás a ver de otro punto, este lugar comienza a tomar mucho más sentido.
Como el peor dolor, pero fuerte como el mejor campeón.
Con la fortaleza de saber que cuento con la visión de que mañana siempre es mejor.
Mejor hablemos, conozcámonos y pongámonos de acuerdo, en la coincidencia es lo verdadero.
Es la alineación lo sincero, todo estará resultando bueno.
Para la gente mostrar el color, el color sincero.

Lo que aprendí del silencio II

Lo bueno de acostarse tarde, es que te levantas tarde.
Lo bueno de viajar sin pasaje de vuelta, es que nunca sabes cuando vas a volver.
Lo bueno de la resaca es la siesta reparadora, un rato a la sombra, un rato al sol(como Rufo sabe).
Lo bueno de ser escritor es que hay pocos.
Lo malo es que la inspiración es poca.
Lo bueno de la inspiración es que las palabras salen solas.

Lo malo de las estrellas es que son fugaces.
Lo bueno es que son abundantes.
Lo loco de la vida es la mejor parte.
Lo malo es que te la quieren reprimir.

Hojas, vientos, teclado, música electrónica, pastillas de colores, dealers, gendarmes, perros, aduanas, preservativos, naturaleza, parques, hielo, helado derretido, mesa de pool, quilombo, guita, merca, transas, trasnoche. Bukowsky, sus mujeres, las que rondan mi ser, los fracasos, las deudas, los impuestos, los envases de la kioskera.

Cuando se te hace tarde y ves que no llegas, llegas pero tarde.
Y te miran un toque mal porque ya estan todos laburando y vos recién llegas, con los ojos achinados, la frente brillosa, porque corriste para llegar tarde, atras de un bondi.
El chofer te miró mal, las viejas de adelante te miraron mal, pero más allá de eso, dormiste en el asiento de atrás hasta que llegó tu parada, ahí te bajaste y fuiste a laburar.

Lo que aprendí del silencio.

Prender el fuego, poner el agua.
Paciencia, esperar el momento justo.
Mascar hojas de coca, pensar.
Ir profundo, dentro de mi ser, observarme.
Querer lo que hago amarlo.
Querer al de al lado, cuidarlo.
Que no muera el almacén del barrio.
Ese que vende galletitas sueltas.
Ese que conserva ese no se que..
La frialdad de un hipermercado.
La pared del glaciar que cae, mientras estabamos detrás de unos árboles.

Volver

Escribir sin hacer publico, guardarse algo, para llenarse de cosas.
Enfadarse con ira, romper la caja que guardaba cosas, que no es nuestra, ni de ellos.
Perder todo para ganar mucho más.
Despedir a un amigo y no volver a verlo, hasta quien sabe cuando.
Equivocarse en cosas minimas, llenarse los bolsillos de tierra.
Tener sexo con una desconocida, perder las riendas del caballo.
Sin ganas de encontrarlas.
Aprendiendo de los que son libres, de los que son, sin medir consecuencias, sin creer en las causas.
Solo estando donde sopla menos viento, en aquel refugio hecho de naylon,
con una salamandra que humea, y que se enciende cada vez que alguien viene.