Corren días mundialistas,
atrás quedan las noticias de estadios a medio terminar, de calles repletas de
manifestantes pregonando un sentimiento popular.
Entre tanta
pelota rodando, tanto moreno bañado en transpiración, tanto fanático emocionado
con el himno de su país. Mientras el periodismo Argento, se las arregla para
generar una debacle por los dichos de Messi ¡que jugamos con 4 abajo y entra el
pipita! El famoso conventillo, mientras todo eso ocurre, el mundo se parte al
medio y se desangra.
Mientras las empresas
multinacionales y por sobre todas las cosas, la señora que FIFA, se explotan
los bolsillos, la hipocresía avanza y se hace dueña.
Con entradas más
costosas que el sueldo básico de cualquier trabajador en Latinoamérica (promedio
Us$400), la entrada más económica cuesta Us$450. ¿Entonces qué?
Podríamos
tranquilamente llamarlo el mundial de los ricos, o de los pudientes, los
que pueden llegar hasta Rio, bailarse una zamba y pagar los tickets para algún juego.
¿Qué sentido
tiene que los mejores del mundo estén en Brasil si los niños de las favelas
solo los verán a través de la pantalla?
El mundial que
solo ven por tv los abonados a DIRECTV, y el resto que se cuelgue del cable.
No es un torneo más,
pues allí nacen héroes y villanos del deporte.
En fin, lo que le gusta a la gente, ver a esos 22 hombres corriendo tras
el balón, la famosa frase utilizada por aquellos anti fútbol.
El fútbol es eso.
¿Y qué? ¿Está mal sentir pasión por algo sano?
Lo que no es
sano, son los estrafalarios sueldos de los jugadores, jóvenes que en su mayoría
no alcanzan los 30 años, ganando más dinero del que podrán gastar en su vida, y
la de sus nietos.
Claro que salvar
vidas humanas o educar generaciones enteras no vale tanto para nuestros
gobiernos, como si lo valen estos jugadores, por ellos armaron los estadios más
modernos, por ellos y por las exigencias de la FIFA, sabiendo que en Brasil, el
país más futbolero del mundo, abundan los estadios, pues allí juegan todos los
años torneos locales y copas internacionales.
Pero no, señor
capricho tiene que pedir estadios nuevos, por cuestiones de seguridad argumentan.
Entre tanta
fanfarria, aparecen los señores publicistas con sus mil y un campañas y anécdotas
inventadas para hacerte emocionar y contarte que Argentina tiene la mejor
hinchada del mundo, como si eso ganara campeonatos.
Ah y cuando
vienen los Rolling Stones esos mismos, te dicen que Argentina tiene el mejor público
del mundo, y sanata cada cuatro años.
A Dilma se le llueve
sobre mojado, abucheada en sitio donde se presente, no sabe si sentarse junto a
Blatter o mejor ver al scratch desde el living de casa.
La realidad es
que Brasil ha crecido a pasos agigantados en los últimos 15 años, con una
pequeña recesión en el último par de lustros, pero en esa década de
crecimiento, de la mano de Lula Da Silva, los brasileros no necesitaron ayuda
de nadie para alcanzar sus logros, mucho menos de una garrapata como la FIFA, todo
se hizo con trabajo duro y alegría.
La sociedad
brasilera se vio envuelta en grandes progresos fruto de políticas populistas de
estado, un crecimiento cultural, de alfabetización, y como bien sabemos, pueblo
educado, es mucho más difícil de gobernar. Esa es la carta que le ha salido a
la señora Dilma.
En tiempos de
velocidades estrafalarias, donde las noticias vuelan impulsadas por cohetes
twitteros y una interminable lista de medios aplicados, todo se publica, todo
se sabe(o casi todo), todo se comparte.
¿Qué papel
jugamos los de afuera en esta copa? ¿Somos la plebe que recibe pan y circo?
¿O somos autocríticos
con las cosas que vemos a diario?
Porque protestan
los morenos, allá en las calles de Brasil, pero tranquilamente podrían ser los
de Buenos Aires, o los de Bogotá protestando por las injusticias. Pero no,
salimos a la calle para gritar goles, lo cual no está mal, es alegría de los
pueblos.
Pero más deberíamos salir cuando los gobernantes se aprovechan de sus cargos y manejan a diestra y siniestra sus negociados políticos. Ahí deberíamos colmar las calles, ahí deberíamos sentir pasión desenfrenada para pelear por algo.
Pero más deberíamos salir cuando los gobernantes se aprovechan de sus cargos y manejan a diestra y siniestra sus negociados políticos. Ahí deberíamos colmar las calles, ahí deberíamos sentir pasión desenfrenada para pelear por algo.
Aquí deberíamos observarnos,
como mirando un espejo y darnos cuenta que peleamos por cosas mucho más efímeras
y ficticias que las cosas que realmente nos afectan.
¿Qué camiseta nos
ponemos para ayudar al de al lado?¿Acaso somos
espectadores de nuestro propio juego?.
Criticada más que
Dilma Rouseuff fue la ceremonia inaugural. Aunque no hubo elefantes, tampoco
hombre bala, mucho menos león y domador, estuvo allí el hombre sin rostro.
El dueño de la
pelota. Vaya curiosidad, que de los participantes en la ceremonia, nadie recibió
un mísero Real. Todos lo hicieron Ad Honorem orgullosos de ser parte de.
Esa es la imagen que deja la FIFA, entidad que se vuelve a casa con las arcas repletas de billetes, y no es capaz de desembolsar unos pocos dólares.
Esa es la imagen que deja la FIFA, entidad que se vuelve a casa con las arcas repletas de billetes, y no es capaz de desembolsar unos pocos dólares.
Así es, la mezquindad
de cobrar fortunas que la mayoría ignora, o prefiere hacerlo, a los canales por
los derechos televisivos.
La FIFA no educa,
absorbe de la tierra y de las cuentas bancarias lo máximo posible, en un tiempo mínimo.
Es que solo tiene
30 días. Treinta días para convertir al mundo en un balón Adidas.
30 días para
legislar sobre un país, 32 seleccionados, los mejores, 30 días nada más ni nada
menos.
30 días que
marcaran la tierra a fuego, y cuando el circo levante todo el campamento.
¿Que quedará?¿Fuentes de empleo?
No, el mayor capital se va del país con el circo, se va porque todo es de ellos, y ahí se ven los ciudadanos del pueblo, esperando a que llegue el nuevo circo, que viene pronto en 2016 y se llama Los Juegos Olímpicos.
¿Que quedará?¿Fuentes de empleo?
No, el mayor capital se va del país con el circo, se va porque todo es de ellos, y ahí se ven los ciudadanos del pueblo, esperando a que llegue el nuevo circo, que viene pronto en 2016 y se llama Los Juegos Olímpicos.