El cóndor vuela alto.
No pregunta qué hora es, pues conoce el sol.
Observa, fluye como el viento.
Atraviesa las nubes y las montañas.
Es libre en su hábitat, y vive de su paz.
Es libre y no conoce otros estados,
Vuela en círculos y cuando quiere subir,
despliega sus alas.
Algunas veces no lo vemos,
gustoso de reposar en las nubes.
Descansa sin miedo de caer,
cuando envejece vuelve a otras vidas,
y le cede su sabiduría a los que vendrán.
Su canto es un grito al cielo.
Los volcanes los halagan, también desean llegar
alto.
Quizás las montañas sean viejos cóndores
retirados,
que para siempre se inmortalizaron cerca del
cielo.
Acariciados por nubes de seda.
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