Abrió sus ojos y divisó la marea baja, a unos 100 metros de su posición. Una gran palmera colmada de cocos estaba a su
lado, podia verlos justo sobre sus ojos.
La noche era
nublada, como tantas otras en la isla, pero la luna iluminaba las palmeras y
las contorneaba a contraluz, creando un efecto extraño para sus ojos recién
abiertos. El cielo celeste, casi morado, no parecía de noche por completo.
Juan, el moreno sintió un terrible dolor de cabeza, y escucho
moscas, muchas moscas zumbando y danzando a su alrededor, incontrolables.
Noto un líquido
oscuro y pegajoso en su pecho, bajando lentamente hacia su abdomen, la gota descendía
lentamente, el dolor de cabeza se hizo sentir aún más, cerró sus ojos.
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