La ceniza es todo lo que queda del Fuego Sagrado.
Ese sabio Abuelito que tanto enseña y fortalece.
Allí reposa la energía de todo el Universo.
La lluvia que regó al Árbol.
El Viento que movió sus ramas, que las hizo
débiles para caer.
El Tiempo que lo hizo envejecer.
Y el Hombre que lo taló.
Lo llevó donde el Fuego.
Donde muere la madera.
Donde se apaga la luz de una vida.
Y enciende la llama sagrada.
Purifica el aire,
ese humo blanco y gris,
que te arrebata unas lágrimas metiéndose en tus
ojos.
El calor florece en tus pies ahora,
tus brazos arden y son brazas.
Toda la materia transformándose, revolviéndose,
y tu cuerpo se llena de calor en la noche helada,
y arden las ramas tostadas.
Melancólico, un viejo árbol ve morir al tronco gigante.
Que se retuerce en las llamas,
y su vida
entera pasa ante sus ojos,
en un instante que no dura cinco segundos, ni diez.
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