martes, 7 de octubre de 2014

La montaña no quita el Amor.

Amanecí tremendamente sediento,
de ti.
Una vez más te has dado un paseo,
por mis sueños.
Y aunque nos encontremos a lunas de distancia.
Un corazón no me deja olvidar.
A pesar del tiempo y las lluvias,
continúas siendo parte de mí.
Como he de suceder contigo,
que te arrancaste un pedazo de mi ser.
Y el recuerdo latente de vivir contigo,
viajando a través de fantasías de niños,
que solo contigo convertía en realidad.
Ya dormir no quiero,
pues allí me esperas,
para darme tu beso de paz,
tus caricias de miel,
tú mirada que me arranca del suelo,
y me zambulle en poesías sin final,
poesías que nunca acabo,
por temor a encontrarte,
en una esquina de aquel pueblito
y verme caer en tu red,
que me atrapa y me deja caer,
al abismo de nuestro amor,
a la locura de tu esencia,
que brilla en la noche eterna,
que el Sol no quiere llegar,
encaprichado con dormir un rato más,
y así venirme a despertar.

Guerrero del sol

Tú búsqueda es infinita, incesante.
Tú debes llegar más allá,
porque nada te detendrá.
No caerás en el pecado,
no cederás ante la adversidad,
Guerrero de todos los cielos,
tus brazos son alas,
tus pies como fuertes rocas,
tu descanso un momento,
para continuar, pues el camino está ahí.
Tú escribes tu propio destino,
eres el dueño de tu verdad.
Confía en tu instinto,
el que tanto valoraban tus ancestros,
sigue las señales,
y cuando sea necesario,
vuelve sobre tus pasos.
Allí reside el saber.
No cometas ingenuidades,
Guerrero de la juventud.
Aprende del error,
no veas superficialmente, ¡observa!
Tienes un poder frente a ti,
no lo desperdicies.
Protege a tu Madre, la Madre de todos.
En ella se encuentra el saber más puro,
en ella la calma, el fuego sagrado.
Si te dejas atrapar, tu fuego se apaga.
No caigas en tentaciones materiales,
cada día es un aprendizaje, una aventura.
Guerrero del saber,
cada noche soñaras una verdad.
Memoriza tus sueños,
Guerrero del cosmos,
lo onírico es iluminación,
tú guía en el camino.
Tu experiencia la mayor de las sabidurías,
La memoria, tu brújula.


¿A donde vas?

En la ciudad siempre alguien va de afán,
todos corren,
sin saber muy bien por qué.
No hay momento de calma o soledad.
Más bien, se vive a todo lo que da.
Un avión, una grúa, otro auto que se va.
En la ciudad pasa todo y no pasa nada.
Siempre hay gente pero me encuentro en soledad.
Hay una hoguera, que pronto se apagará.
Debes conservar la llama que hay en ti.
Muchos quieren gobernarte,
pocos dicen la verdad.
Debes hallar la salida.
Por la mañana alguien putea al chófer,
pues se demoró 40´ en llegar.

En la ciudad, de a ratos escribo sin césar,  
mi cuaderno les intriga,
miran de reojo, quieren saber,
si están en alguna línea,
les incomoda que observe,
les preocupa el que dirán.
Van pensando en la novela de tv,
en un amor que no pudo ser,
y les causa temor, el ver más allá.
Con sus pelos de colores, aparatos de diván,
van todos conectados a una red en ningún lugar.
Con su plástico quemado, consumen sin parar.
Cuando yo solo les traigo,
una Poesía regalada,
se dan vuelta, se ofenden y se van.
En la ciudad que todo se puede tocar,
pasan cosas como estas,
y otras que no te voy a contar,
pues mi tiempo se ha agotado,
porque vivo en la ciudad,

y voy de afán a ningún lugar.

Sube lento sube.


El humo enseña, sube y me muestra.
Se mueve en círculos, crea figuras
Interlineales, entrecortadas.
El humo, ese sabio que habita en mí,
se rumorea en espirales,
va a mi mente y baja a mis pies,
sube a una nube y no vuelve jamás.
Como mis anhelos, van y vienen.
Humo que no se detiene.
Me enseñas tras tu cortina,
sentimientos profundos,
y en un momento,
me vuelvo aire y alguien me sopla,
soy un pasajero de ti.
Sabio y ancestro de todo tiempo,
tú que todo lo transformas,
para volver a la vida, 
como el bosque después de arder en llamas.
Pureza extrema.
Tú que ardes y das forma al silencio,
oyendo esas ramas partiéndose,
retorciéndose en ti,
regresando al cosmos,
ahora convertidas en humo.
Sabio y ancestral espíritu,
Tú me liberas, me cuentas la verdad.
Tú purificas mi ser.
Mis mañanas sin ti,
encerrado entre paredes y alquitrán,
alejado de lo natural,
espero pronto poder regresar,
a mi tierra en algún lugar.
Viajando a través del viento,
convertido en humo,

liviano como el aire puro.

Verdadera calma

El crepúsculo me encuentra,
recostado sobre un verde y esponjoso prado,
bosques, aromas, perros ladran.
Y allá bajando la quebrada los diviso,
son minúsculos ante tamaña inmensidad,
del coloso natural.
Puedo distinguir cientos, miles de tonadas verdes,
se siente un hacha a madera,
humito blanco de alguna chimenea,
canta el gallo,
como siempre a cualquier hora,
y los gallos vecinos comienzan el coro,
uno detrás del otro respetando su turno,
cu-cu-ru-cuuu!
que-que-que-reee!
A lo lejos se ve un paisano,
con su blanco sombrero y su ruana al hombro.
No pasa nada y pasa todo.
Un silencio natural que mi ser necesitaba.
Continúa el hacha golpeando duro.
Una mañana sin igual,
para borrar las pesadillas de la noche anterior,
donde no me protegieron las estrellas y estaba solo frente a todo el mal.
Mañana iluminada,
la madre selva proveerá,
una yuca y una mazorca.
Como lo hacían mis antepasados,
esos que tanto amaban la tierra,
que tanto tributo le rendían.
Debo reivindicar sus almas nobles,
Espíritus de luz que adoraban al sol,
y esperaban al pie de los cerros,
por algún eclipse lunar o una lluvia de estrellas.
Ellos que se alimentaban de la sana y natural.
Jamás necesitaron pesticidas, ni plaguicidas,
mucho menos MonSanticidas que arruinaran su pacha.
Su niña mimada, su metal más preciado.
El que produce alimentos para el alma.
No el maldito metal que brilla,

y que solo alimenta egos y ostentaciones.

Sin problemas no hay inspiración

Quiero escribirle a la poesía, a la vida que penosamente me inspira cuando hay dolor, cuando hay actitudes mediocres frente a mi bondad, que se ve abusada por aquellos que se creen más que uno, que conocieron una manzana y pensaron que habían visto el mundo entero.
Pero uno camina sin sobresaltos, algunas lágrimas en el camino han de limpiar mi cara y algunas otras se las regalo a la Madre Pacha.
Ese dolor, que es un puñal, pero que enseña y alimenta mi ser.
Quiero escribirle a la vida, voy a darle las gracias por la ciudad y por el campo.
Por tanta mentira que no hace eternos buscadores de la verdad.
Por la oscuridad de la raíz, y por la luz del fruto que alimenta mi pena, por la hoja de cada árbol que brilla gracias a las raíces de abajo, que se entregan por esa causa.
Voy a caminar cada rincón, pues a eso he venido en esta ocasión, a ayudar a los heridos, sea con palabras o con actos de amor.
Amor, amor que tanta falta nos hace, en lugar de pedir que el niño llegue con un pan bajo su brazo, comenzaré a pedir que ese niño llegue con amor puro en su corazón.
Mi misión he descubierto tras tantos años de estatismo, de moverme poco y nada. Algo me saco, me dijo que tenía que volar, y atravesar el continente en busca de seres de luz, de conciencia eternas, de aquellos que cultivaran sus propios alimentos para salir del letargo, para no volver jamás a un supermercado.
Esos espíritus intensos que nunca cesan su búsqueda, que caminan senderos oscuros sin temor alguno, que se entregan a lo bello de la vida, a los placeres más comunes y preciosos, un buen plato de verduras asadas, un salto en la caída de alguna cascada. 
Grande es mi emoción al saber que están, estamos desparramados por esta rica tierra y que el viento se encargara de juntarnos.
El destino está firmado a fuego, el materialismo se queda en la tierra, el espiritualismo viaja al cosmos, se eleva y se vuelve conocimiento, sabiduría, se vuelve humilde ante el yo-yo de babilonia.
Los hermanos estamos y estaremos unidos, esperando el momento, más bien, siendo nosotros mismos, gastando la suela de nuestros zapatos, aprendiendo de lo natural, efímeras aves de paso, aprendices como infantes, pues quien no quiere aprender porque cree saberlo casi todo, falla, se vuelve el espejo para no tropezar ante esa tentadora piedra.
Y aquel que no se deja ayudar, es probablemente el que más necesite ayuda, pero se encierra en su mente, y no deja fluir interponiendo una barrera, cerrando las fronteras de la ciencia, del saber, alimentando un egoísmo que siempre nos encierra. Siempre nos aleja del otro, nunca nos deja ver, que lo lindo de la vida está en el aprendizaje diario, el más mínimo, como la alegría de un niño que aprende a atarse los cordones.
La enseñanza dejara a generaciones futuras la conciencia de buscar la paz de encontrar un mañana sin misiles, sin bombas desde aviones, sin hombres bomba y mucho menos niños armados.