martes, 10 de septiembre de 2013

Portazo de exportación


Imaginemos un hipotético caso de censura mundial, en el cual no se permita leer nunca más algún texto de autoría internacional, nunca más un texto extranjero, un caso tan extraño como la prohibición de los derechos de las personas, casi como leer solo a los autores de la manzana de tu casa, seria terrorífico, seria el desangre de la literatura.
Imaginemos, que hay gente alrededor de este globo de agua con tierra, que siente ganas de conocer realidades, porque nos han leído en cuatro de los cinco continentes, y la gente de producción no lo puede creer, ¿Como es que llego uno de nuestros textos a Polonia?
Sucede que habiendo tantos buenos escritores en mi pueblo, resulta extraño que un joven aprendiz llegue a tales rincones y al mismo tiempo, genera cierto ruido en la panza, aunque todavía no logremos descifrar si es el hambre de no haber desayunado o la linda ansiedad de saber que alguien se enfrenta a un monitor y lee, imagina, delira con nuestros pequeños textos básicamente de novato.
No hemos tenido la fortuna de llegar a África, quizás las guerras civiles y la exploración en busca de piedras preciosas los distrajo del camino, quizás sea ese todavía el rincón del planeta del cual todos sacan provecho y nadie le da una mano, aunque a esta altura, este necesitando mucho mas que una mano. Estamos en deuda con ellos, pronto llegara un corresponsal de este medio para ponerles al tanto de la situación.
Ya será el turno de enviar algún cable con ideas para romper ese letargo, ya tocaremos costas Sudafricanas de la mano de algún amigo proveniente de esas lejanas tierras.
Mientras en África matan por piedritas de colores, nos leen a diario en Estados Unidos, aunque no toquemos temas bélicos, aunque nuestro ideal sea la paz de las almas.
Quizás las agencias de inteligencia estén tras los pasos de este joven inventor que no busca más que romper con lo establecido, quebrantar penitencias. A ellos no les agrada que las personas comprendan, ellos prefieren tenernos sumisos a sus cadenas de noticias y a sus guerras comerciales, por esa simple razón, preferimos alejarnos de rifles y pólvora mojada, bien lejos de las barras y las estrellas.
Mientras ellos deciden parlamentariamente si invadir por aire o por tierra algún otro país en Oriente, suceden otras cosas en Singapur,  pues allí hay gente muy interesada porque cada vez que se publica algo, ellos se insertan en esta locura, y son participes, con cierta lealtad. Podemos así darnos cuenta que la libertad de expresión camina libre por algunos rincones del mundo.
Sin embargo, otros rincones no han tenido la fortuna de leernos, de delirar con nuestro viaje. Jamás ha llegado un texto a la Republica Comunista de China, aunque si nos siguen desde la fría Rusia, donde alguien se bebe un trago de vodka y golpea la mesa al leer El Portazo, al entender que la realidad no es ajena a nuestras vidas, que para cambiar el futuro, es importante enterarnos del presente.
Cruzando por el Ártico, a lomo de oso polar, llegamos a Canadá, donde tenemos amigos, y para mantenerlos al tanto enviamos periódicamente una paloma mensajera con cada publicación para que puedan enterarse rápidamente de las noticias en este lado del globo. Algo extraño ocurrió, porque las palomas no han regresado, quizás las estén alimentando con ricas frutas, quizás estén siendo protegidas y no deseen regresar a su jaula sin nubes ni cielos azules, quizás.
Cruzando el charco han llegado las botellas con mensajes, porque en Alemania están enterados de la situación, ellos también quieren saber, indagar que pasa de este lado, desean seguir estas líneas irracionales y, por momentos, tan alejadas de la realidad.
Me encantaría saber como llego este portal a las redes de Serbia, evidentemente las noticias vuelan mas de lo que uno imagina, porque en la antigua Yugoslavia nos siguen con frecuencia, quizás sientan el respaldo de un ser redactando historias.
Y mucho mas cerca de casa, viajando por Latinoamérica nos encontramos con muchos hermanos, que nos siguen desde Brasil hasta el Alto Perú, desde Venezuela hasta el Uruguay, donde las ganas de leernos son más fuertes que la distancia que nos separa, y los textos viven en cada voz que los pronuncia, casi como susurros por las mañanas de silencio.
En Chile hay primos que recibieron la visita de nuestra paloma mensajera, que camino a Canadá arrojo unas copias con cada publicación, y hasta nos han seguido en España, pues de allí venimos, de las Islas Baleares, tal vez no hayan sido ellos, pero estamos cerca de casa, nuestros ancestros nos miran de reojo, se pueden sentir sus pasos y suspiros en esta parte.
Y Argentina es la madre de nuestras ideas, la ilusoria que nos metió en esto, la que me miente y se cree mis mentiras, la que me empuja a tomar el lápiz y rayar la hoja entera con ideas completamente incomprensibles.
Parece mentira cuando comenzamos a escribir nuestras historias, nuestra manera de observar la vida, porque la vida mas que ver es observar, adentrarse en situaciones, crear ideas para solucionar problemas de la vida común, para no venderte fruta en mal estado.
No buscamos salvar al mundo de todos sus males, solo intentamos tirarle un baldazo de agua helada al torso de la sociedad, demostrarle que mas allá de la globalización, algunos estamos conectados por cosas mas profundas e intensas. Que utilizamos la tecnología para darnos un cariño, porque la maquinas nos han hecho seres fríos, ajenos a la realidad, es por eso que El Portazo es un Tomahawk de sentimientos.
Unos pocos peligros sensatos, como bien dice el hombre de gafas oscuras, se buscan en la red, que no existe, que nunca existió, que nos hizo dependientes de su existencia irreal, pero que al mismo tiempo nos mantiene en contacto. Cuestión de segundos tardaron en leer la nota de “Una señora bajo la lluvia” en Italia, pero quien demonios levanta la voz en nombre de El Portazo, quien representa este sueño que algún día se bajo de una cerebro a un papel.
Los barcos atraviesan océanos velozmente, rompiendo el oleaje, y las noticias vuelan a velocidades inusitadas pero siempre en el medio, alguien las maquilla, les da un retoque de colores y gamas, para que el material llegue con cierto interés social. Es allí donde nace El Portazo, donde la censura se disfraza de noticia, donde la mentira se bate con una pizca de verdad.
Las montañas pueden detener vientos, pueden mover los suelos y crear nuevas montañas, pero jamás han logrado detener esta catarata de verdades, este incesante relato callejero, que ahogado en pasiones, se revuelca con la realidad que a diario, intenta colocarnos una venda en los ojos y que todos, por mas que lo rechacemos, nos sentimos a gusto con esa venda, que nos tapa el sol, que nos oculta tras una mascara, que nos envía un mensaje de texto pero, que tímidamente no se anima a decir Te Quiero cuando estamos frente a frente.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La eternidad y las aves

Solitario se encontraba el búho en medio del bosque, que por extraña casualidad se veía un tanto gris esa tarde, como si lo hubiesen coloreado a crayón, borrando el verde húmedo lluvioso de la naturaleza.
El silencio reinaba, y en su alma habitaba una calma espasmódica. 
Mirose hacia sus alturas y diviso un águila que rondaba por los cielos de la Amazonia.
Como desearía algún día, volar tan alto como ella, pensó el búho afligido por no alcanzar con sus alas el cielo del bosque, algunas mañanas intentaba imaginar como seria la vista desde el cielo, sus ojos podían ver casi todo lo que se propusieran, pero su limitación no le permitía alcanzar los deseos de observar el mundo entero desde el aire.
Al mismo tiempo que el búho viajaba con su imaginación, sobre su cabeza estaba el águila, aquel ser supremo de los aires, capaz de descender casi tan rápido como los dioses en vuelos fugaces.
El águila también fabulaba historias que nunca había vivido, deseaba ser más y más grande, viajar por universos fuera de su cotidianidad, descubrir galaxias, estrellas fugaces en noches de verano.
Sentía deseos de convertirse en otro tipo de ave, esas que escupían fuego por la boca y devoraban grandes bestias en batallas.
En su vuelo vagaba imaginando, cuando de repente, observó que cientos de metros sobre sus alas volaba un dragón de cola fucsia y ojos rojos como el sol, unas alas inmensas se erigían en sus costados.
Nunca antes había visto un ser tan especial, se sintió intimidada el águila, que hasta ese momento manejaba las alturas a piacere.
Que ave tan esplendida pero es de otra época, pensó la madre de todas las nubes hasta ese instante, esas provienen de cuentos de hadas y aquí estamos en el presente real pensó el águila, que hasta ese momento se sentía dueña de las alturas Amazónicas.
Ante tal sorpresa se vio en la obligación de compartirlo con el búho, que estaba posado sobre el poste de un árbol gigante, sabía que el búho, poseedor gran experiencia y sabiduría  le aconsejaría. 
El búho escucho  atentamente y abrió sus ojos de inmenso tamaño, creyó en sus palabras porque también estimaba mucho al águila y no quería agraviarla.
Así ambos se elevaron, en extraña conjugación, más alto que las nubes y más bajo que las galaxias para comprobar lo que el águila relato.
Al cruzar las nubes que daban el color grisáceo al bosque, el búho sintió cierta presión en sus alas, fue así que el águila lo invito a subirse en su gran lomo para conducirlo hasta los cielos de dragones, y ambos comprobaron que no eran los únicos habitantes del aire, sino que se encontraban en compañía de este ser supremo que al verlos abrió sus espectaculares alas, de tamaño inusitado y rugió con un ensordecedor sonido, pero ambos notaron que no se trataba de una agresión sino valorando su presencia y compartiendo la emoción de sentir que no estaba solo en este mundo.
El dragón perseguido durante años habitaba los cielos en soledad y con nostalgia recordaba sus días en la tierra. 
Así los tres unidos en un mismo vuelo por los cielos de todo el cosmos disfrutaron historias de caballeros freídos por el fuego que su boca emanaba, pero esas historias eran pasadas y ahora que se conocían podían disfrutar el encuentro en cielos celestes y grises como el de aquella tarde.

Un Río llamado 9 de Julio

Cada mañana amanecen miles hambrientos talentosos, siempre el mismo fin. Llegar hasta el próximo atardecer, morfar algo y si el rió viene cargado de peces gordos, conseguir buena bebida.
En fin, buscando zafar a orillas del Río Avenida, atravesado por miles cada segundo, que aunque no lo deseen, siempre algo dejan.
Las formas y actuaciones para ganarse la vida son muchas; aquí conviven talentosos que nunca serán conocidos, malabares, jueguitos con un balón y la 10 de Messi comprada en un bolishopping del eleven. Están los que recurren a la vieja escuela, te limpian el vidrio probablemente con agua de la fuente, y no tienes opción, te limpio o te limpio. Estas en el Río Avenida, algo dejarás…
Otros se dedican a la venta, cuando la luz roja detiene a los conductores, demuestran su agilidad logrando ventas en cuestión de segundos, demostrando su calidad para sobrevivir, aunque pocos lo noten, los rubros son variadísimos, se puede conseguir desde pipas, pasando por pañuelos descartables, hasta la compra de cargadores para celulares, todo tipo de juguetes inflables para niños, un sector comercial que escapa a las estadísticas gubernamentales.
Incluso por la mañana, se puede observar un par de pibes durmiendo bajo el obelisco, la mayor cascada de este Río, ante el olvido de la sociedad, se convierte en hotel por las noches, alojando el frió en los huesos.
El Río Avenida alimenta a miles, es hogar de unos cuantos, punto de encuentro nacional, donde han ocurrido las mayores anécdotas, donde todo se concentra y enfoca. Por aquí pasaron todas las marchas, protestas y represiones, allí cayeron varios, con las rodillas raspadas y de cara al sol, casi  pidiendo misericordia a la Diosa Avenida.
Mil amores comenzaron allí, y mil temas se tocaron en cada concierto, siempre ella te deparara algo más, casi como una Argentina que más desea y le dan, porque ella siempre tiene una noche más para vos.
La 9 de Julio lleva en su nombre la historia, nunca olvida, la han maquillado casi como una modelo antes de salir al desfile, la más ancha del mundo, las más locas anécdotas jamás reproducidas, llantos y sonrisas.
El día del fin la avenida se sumergirá en la tierra para nunca volver a ser, todos los edificios de los alrededores se unirán, así como se unían los continentes previo a su separación, en su proceso se tragara a millones, que nadie reclamara, porque les pertenecen.

La avenida será una pequeña callecita olvidada, con pasto creciendo entre sus adoquines, y unos pocos ancianos recordaran los días de éxito y luminosidad, cuando recibía a cientos de miles en sus pies, cuando era el centro del territorio nacional, cuando el agua corría como la sangre por las venas.

De tus locuras un Hogar

Pone el agua.

En el bunker hay una frase de cabecera que representa la mayoría de los actos en los cuales se conforman reuniones con nutridas charlas y sobremesas.
Yo tiro los fideos, el que viene, viene y el que no, comerá recalentado.
Si los mates están listos se toman, si llegas para la segunda vuelta, cambiamos la yerba.
Es un punto de encuentro con uno mismo, los personajes y las historias pasan asi como pasan los días.
No te digo que es el café de los surrealistas, pero si un lindo rinconcito para tomarse un descanso del mundo, reírse aunque el sol se vea un ratito, y solo durante la mañana.
Quizás eso sea porque la luz la traen los asiduos visitantes.
Cuatro generaciones, nosotros, Jerito y yo, amigos de la infancia. La época del viejo y los memorables guisos, el flaco Díaz y sus puchitos, El cabezón Peroza, Fede, hermano del viejo, la prima de ellos, y las amigas de la prima.
Raquel, el fantasma que siempre estuvo, lo sabemos los que allí habitamos, lo saben los amigos que se acercan y siempre reciben la demostración de su presencia, aunque algún incrédulo no se haga eco de su presencia. Ella esta allí, para despertarte con un golpe de puertas, con un viento que te roza la cara, con su espíritu que parece irse y volver a cada rato, ella es la que aun no conocemos, pero bien no tiene a su merced, bella Raquel.
Visitas para todos los gustos, sabemos.
Ya puse el agua, y el que llego se sienta a disfrutar, y nos comparte su locura y sinceridad, es un lugar en el mundo como tantos otros, aunque no haya ninguno que se le parezca.
El bunker te atrapa como jamás imaginarias. Cuando uno entra puede confundirse con la cueva de un oso, por el aroma inconfundible, después, por alguna extraña razón se hará difícil dejarlo, quizás la energía, tal vez la vibración de los cuerpos.
Mil fiestas con amigos, mil nacionalidades diferentes nos acercaron su cultura, artistas y personajes extravagantes. Las canciones y los partidos de fútbol, el día después de cada fiesta, donde te podes encontrar con cualquier regalo, ser o situación.
Las tremendas borracheras, las cervecitas de martes por la noche, el humo en el pasillo de entrada, el aroma a flores proveniente de ningún jardín.
Las mil y una cenas en la picoña, los mejores sándwiches del barrio, los delibery de pizza gigante, los almuerzos haciendo trabajos para la facultad, las milanesas de la vieja, los platos de arroz saboreados en colores.
Los 80 millones de “pone el agua” es el bunker, debajo de los 5 pisos pero bien cerquita del cielo. 
Con más energía concentrada que una bomba atómica.
El que vino sabe, y el que probó el vino, decidió volver por alguna razón, ni hablar de las polentas del loco regadera, de las charlas y de las películas que no terminamos de mirar porque nos quedamos dormidos como bebes.

Casi como una peluquería llena de viejas donde cada semana, traen noticias, alegrías y desdichas para compartir. Sabiendo que el bunker, así como un peluquero, escuchara atento a cada uno de los seres que se atrevan a pasar el umbral de la locura.

Costumbre caminar...

Puedo escribir un soneto
En diez minutos de silencio
O seis horas de disturbios,
Ante una multitud
Ante mi sola presencia

Puedo ser libre de solo pensarlo
En un momento
O vivir cautivo
Bajo la sombra de mis decisiones
Sobre el piso de mis locuras

Puedo dedicarme a correr
Todo el tiempo que lo desee
O vivir estático
En ningún lugar
Y en todos al mismo tiempo

Puedo jugar a ser yo
En el margen de la hoja
O ser todos los demás,
En prejuicios que no me corresponden
En mentiras que nunca voy a creer

Puedo sentir la mas bella de las alegrías
En una sonrisa explayada
O sumergirme en mi tristeza
Y vagar por sueños de delirio
Pesadillas hermosas que me permiten seguir dormido

Puedo terminar este poema
O continuarlo por el resto de mis días
Hasta que un renglón me encuentre en solitario
Y me encandile la mirada
Me nuble el pensamiento,
Me arrodille ante el reloj

Y destroce así la mina de mi lápiz.
Encajonado en un rincón,
Y el poema que enlace
Sea solo un recuerdo por el hoy.

Un olvido del mañana.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Será la herida...

Que linda sombra se poso sobre Buenos Aires la noche de anoche...

Fue fabulosamente hermoso sentirte desde arriba, comprender que un solo ser puede unificar culturas e ideales, alejar diferencias.
Solo un ser es capaz de generar tal moviola, y la religión que siga creyendo en sus dioses omnipresentes.
Mi dios vive en mí, me habla y me canta al oído su poesía.
Por esa razón, cientos de jóvenes alienados se entregaron a la noche Spinettera, puras sonrisas y con la emoción a flor de piel.
La fundación a la que el flaco siempre estuvo dispuesto a colaborar decidió honrar su nombre y su obra por sobre todas las cosas de esta puta ciudad.
Alejándonos por un rato de los males de este mundo, uniéndonos con la poesía que nos gusta oír.
Luís ya no esta, pero como siempre digo, vive en cada momento, en cada situación, en cada historia que lo recordamos, y sobre todo en cada acorde que el nos inspira.
Como dijo un jovencito que al son de su guitarra realizaba un cover de “que ves el cielo”, el flaco siempre decía que no imitemos sus temas, que creemos nuestra propia música con sentimientos del alma como el lo hizo tanto tiempo.
Que bella sensación la de encontrarnos todos bajo el mismo lema, en primer lugar me dirigí hacia Matienzo, tarde como siempre, por el dilema de ir a la facultad los días de conciertos, así que enfile tipo 10, y la puerta se encontraba llena de personajes deseosos de saciar su sed y su hambre de rock nacional del bueno y original.
En ese momento recibí un llamado de mis amigos que se habían reunido unas cuadras mas adelante, en el centro cultural Fitz Roy, allí era otra de las sedes que rendían homenaje al más grande compositor de Latinoamérica.
El ambiente no podía discernir demasiado del anterior barcito, gente con sonrisas explayadas en sus rostros y porrones de cerveza para acompañar la velada, que seria mágica e histórica.
En el interior del bar., una salita mediana cerraba sus puertas para oír a las banditas, que se erigían entre temas de propia autoría y covers del Flaco que generaban el despegue de más de uno.
En cierto momento se convirtió en una nave espacial con autonomía propia, era el mas hermoso de los combustibles, esos que no contaminan el aire…era la imaginación de todos los allí presentes despegando hacia otro lugar.
Y la noche se iba encaminando para un cierre magnifico, cuando todos gritamos y sentimos en el alma un golpe de calor.
Ingresaron en esa aula magnifica, unos jóvenes, guitarras, violín, e improvisación para presentarse.
En ese momento, el joven guitarrista le propuso a los comensales entonar una canción de su autoría coreando entre todos “ea ea ea Luis Alberto”
Y las lagrimas rodaron por las mejillas de las jóvenes, que sentían la emoción, como si el mismísimo Flaquito estuviese allí presente.
Como lo estuvo tantas noches, y tantos días de rock, de seguro nos acompaño el también en todos los bares, todos los acordes, todas las puras melodías, que no son de nadie, que son del viento, y quedan para alegrarnos la vida, y extrañarlo una vez mas.
Porque Luis fue, es y será el líder de tantos sentimientos, tantas enseñanzas que nos dejo como legado.

Más que música, fueron ideales, fue amor. Fue Spinetta.

martes, 3 de septiembre de 2013

Una Señora bajo la lluvia

Domingo por la tarde, caía una lluvia de esas que son indecisas, que no se entiende si quiere llover o quiere el agua quedarse vagando por el cielo, descansando un tiempo mas en las nubes antes de arrodillarse en nuestra inquietante superficie.
La llovizna mojaba, pero dentro de mi casa el clima era cálido, disfrutaba poder estar en el interior, cebando unos mates calentitos.
El día ameritaba sillón, relajo y mucha tranquilidad.
Aprovechando el descanso me pare frente a la ventana a observar, hacia la calle, el tiempo pasar, la nada misma y el todo completo, realmente era un momento de tranquilidad, esos que uno busca por los rincones y tanto cuesta encontrar.

Me asome a la ventana y observe a una mujer, de aproximadamente 65 años, caminando bajo la lluvia, sin prisa ni incomodidad aparente.
Lucia una pollera color marrón, que le tapaba debajo de las rodillas y en el torso un sweater negro que no parecía demasiado abrigado, pero su cara no demostraba signos de frió reales, parecía acongojada por otra preocupación, la cual claramente yo desconocía.
Su paso era cansino, tan tranquilo como la lluvia que caía sin preocuparse a quien mojaría.
Verla allí parada me comenzó a sacar de mi pasiva tranquilidad, la mujer caminaba por mi calle doblando en la esquina hacia el lado del boulevard, no había nadie mas en la acera. Ningún auto transitaba esa tarde, la ciudad se encontraba respetando la siesta, solo esta mujer de rostro inquebrantable, rompía el pasivo silencio de las gotas rozando el pavimento.
Me pregunte si necesitaba ayuda, lo cual no parecía necesitar, y la dama seguía su paso hacia el boulevard, donde seguramente el frió seria mayor por la falta de reparo ante el viento que bajaba desde el Río Parará azotando la ciudad en su costal izquierdo.
Al llegar a la esquina de Millán mis ojos seguían posados en la dama, que incluso parecía no percibir el roce de las gotas.
Sus atuendos estaban secos, como si fuesen impermeables.
En ese momento, cuando hizo unos pasos hacia la intersección de las calles Thorne y Máximo Millán, observe que llegaba a su encuentro un hombre de aparente edad similar a la misteriosa señora. El hombre lucia si, un sobretodo negro y llevaba consigo un paraguas pero que mantenía cerrado bajo su brazo izquierdo, esto me pareció mas extraño aun, que el hombre no este enterado de la lluvia.
Ambos se acercaron y no hubo contacto, solo unas palabras, permanecieron unos segundos en la esquina y con pasos lentos tomaron rumbo al boulevard, todo esto bajo mi atenta mirada, observar el detalle fue posible gracias a que siguieron caminando por la calle de mi ventana, Thorne hacia el verde césped, de haber doblado por Millán los hubiese perdido de vista.
A medida que transitaba la calle, mi sentimiento de extrañeza crecía, y mi curiosidad alimentada por mis fantasías se devoraba todo pensamiento racional, eran simplemente dos desconocidos caminando por la calle de mi casa, pero algo no me cerraba.
Así que espere que se alejaran unos metros mas hacia el cielo infinito del río y corrí al garaje a buscar mi campera y un anotador.
Salí hacia la calle dando un fuerte portazo sin intención y me di cuenta que la lluvia era mas intensa ahora, y mojaba con ganas.
Al pisar el pavimento, imaginaba verlos llegando a las barrancas pero no había nadie allí, así que tome un paso acelerado para no perderme detalles de ese encuentro, quizás amoroso, bajo el gris del cielo.
Por alguna razón, no tome el camino más corto, que era de una cuadra hasta el boulevard, sino que doble a la derecha para bordear la manzana y observarlos desde un punto en el cual ellos no notaran mi presencia.
El agua deslizándose por el cielo gris comenzó a empaparme y mi pasividad se convirtió poco a poco en humedad.
Quizás me demore algún minuto mas en llegar, el piso estaba empapado y la calle estaba totalmente desolada, ni un solo móvil aparecía en el horizonte.
Me preguntaba para mis adentros que era lo que me había movilizado para encontrarme bajo la lluvia, siguiendo a dos ancianos.
Cuando llegue a la esquina, tenía una vista panorámica porque ahí no hay edificaciones, solo una gran casa en la esquina pero no fue impedimento para observar.
Podía ver el cielo panorámicamente, y la lluvia fundiéndose con el río a lo lejos, todas las islas estaban cubiertas por un verde intenso, que brillaba por las gotas que besaban sus hojas.
Para mi sorpresa, la locura me encontró desorbitado, al llegar al lugar, vi a la dama, completamente sola, no había nadie a su lado, seguía en esa posición de incomoda tranquilidad, y la lluvia la había empapado ahora, ya que el intenso viento y las nubes estaban en movimiento.
Mi inquietud fue ganando en cada segundo, por lo que decidí caminar hacia el puente colgante que cruza la calle. Ese puente construido hace años que tiembla ante el primer soplido ventoso, y que le faltan algunas tablas en el medio, el deterioro del paso del tiempo.
Ella estaba frente al gran ombú, el árbol de nuestra infancia, donde imaginamos cientos de historias, donde creamos nuestra casita del árbol, donde hay un mirador al universo.
Se poso en las raíces enormes y observaba el horizonte, que no se alcanza a ver mas allá del puerto de granos.
Camine por el césped y mis zapatillas fueron mojándose a medida que avanzaba hasta el puente de madera, al pisar allí el agua combinada con el pino me jugaron una mala pasada, por lo que mi pie derecho se movió hacia delante y el izquierdo todavía apoyado en el pasto no pudo sostener el peso de mi cuerpo.
La aparatosa caída me desconcertó pero en mi mente seguía la imagen de esos dos señores, que ahora estaba dividida a la mitad. Quede rumiando entre el césped y el puente, el pie derecho incrustado en una ranura del mismo y sentía un dolor en la rodilla, pero la inquietud del momento hizo que me levantara sin preocuparme por ese golpe.
Me reincorpore en cuestión de segundos y con un paso algo renguenante atravesé el puente, agarrado de la baranda ahora para que no ocurra lo mismo.
En ese extraño instante, levante la vista una vez más para buscar a la señora y acercarme a ella para consultarla sobre lo sucedido.
El árbol se encontraba a nos mas de veinte metros del final del puente, mi paso se hizo mas lento luego del golpe, me dolía la rodilla y el costal derecho, justo en las costillas, donde me di el golpe al caer.
No había nadie bajo el árbol, ni en el mirador, ni un atisbo de gente, mucho menos los dos señores.
El paso desde el puente hasta el árbol se hizo interminable, parecía que no podía mover mis piernas, en ese momento una línea del tiempo se atravesó en mis pensamientos, como de un momento a otro me encontraba completamente relajado y en el cálido sentir de mi hogar, a estar mojado, embarrado y sin brújula bajo el ombú, buscando a una señora sin saber por que.
Una vez bajo el árbol, me tranquilice intentando pensar con calma, todo había sido un reflejo de vida, un espejismo bajo la llovizna de ese domingo, donde la tormenta no se animaba a dar el trueno que estalle mi tarde.

El paso lo había dado la señora de negro y marrón, el hombre del sobretodo y paraguas bajo el brazo, ellos se encargaron de hacer de mi tarde una tormenta. De mi llovizna un chaparrón.