Imaginemos un hipotético caso de censura mundial, en el cual
no se permita leer nunca más algún texto de autoría internacional, nunca más un
texto extranjero, un caso tan extraño como la prohibición de los derechos de
las personas, casi como leer solo a los autores de la manzana de tu casa, seria
terrorífico, seria el desangre de la literatura.
Imaginemos, que hay gente alrededor de este globo de agua
con tierra, que siente ganas de conocer realidades, porque nos han leído en
cuatro de los cinco continentes, y la gente de producción no lo puede creer, ¿Como
es que llego uno de nuestros textos a Polonia?
Sucede que habiendo tantos buenos escritores en mi pueblo,
resulta extraño que un joven aprendiz llegue a tales rincones y al mismo
tiempo, genera cierto ruido en la panza, aunque todavía no logremos descifrar
si es el hambre de no haber desayunado o la linda ansiedad de saber que alguien
se enfrenta a un monitor y lee, imagina, delira con nuestros pequeños textos básicamente
de novato.
No hemos tenido la fortuna de llegar a África, quizás las
guerras civiles y la exploración en busca de piedras preciosas los distrajo del
camino, quizás sea ese todavía el rincón del planeta del cual todos sacan
provecho y nadie le da una mano, aunque a esta altura, este necesitando mucho
mas que una mano. Estamos en deuda con ellos, pronto llegara un corresponsal de
este medio para ponerles al tanto de la situación.
Ya será el turno de enviar algún cable con ideas para romper
ese letargo, ya tocaremos costas Sudafricanas de la mano de algún amigo
proveniente de esas lejanas tierras.
Mientras en África matan por piedritas de colores, nos leen
a diario en Estados Unidos, aunque no toquemos temas bélicos, aunque nuestro
ideal sea la paz de las almas.
Quizás las agencias de inteligencia estén tras los pasos de
este joven inventor que no busca más que romper con lo establecido, quebrantar
penitencias. A ellos no les agrada que las personas comprendan, ellos prefieren
tenernos sumisos a sus cadenas de noticias y a sus guerras comerciales, por esa simple razón, preferimos alejarnos de rifles y pólvora mojada, bien lejos de
las barras y las estrellas.
Mientras ellos deciden parlamentariamente si invadir por
aire o por tierra algún otro país en Oriente, suceden otras cosas en Singapur, pues allí hay gente muy interesada porque cada
vez que se publica algo, ellos se insertan en esta locura, y son participes,
con cierta lealtad. Podemos así darnos cuenta que la libertad de expresión camina
libre por algunos rincones del mundo.
Sin embargo, otros rincones no han tenido la fortuna de
leernos, de delirar con nuestro viaje. Jamás ha llegado un texto a la Republica Comunista
de China, aunque si nos siguen desde la fría Rusia, donde alguien se bebe un
trago de vodka y golpea la mesa al leer El Portazo, al entender que la realidad
no es ajena a nuestras vidas, que para cambiar el futuro, es importante
enterarnos del presente.
Cruzando por el Ártico, a lomo de oso polar, llegamos a Canadá,
donde tenemos amigos, y para mantenerlos al tanto enviamos periódicamente una
paloma mensajera con cada publicación para que puedan enterarse rápidamente de
las noticias en este lado del globo. Algo extraño ocurrió, porque las palomas no
han regresado, quizás las estén alimentando con ricas frutas, quizás estén siendo
protegidas y no deseen regresar a su jaula sin nubes ni cielos azules, quizás.
Cruzando el charco han llegado las botellas con mensajes,
porque en Alemania están enterados de la situación, ellos también quieren saber,
indagar que pasa de este lado, desean seguir estas líneas irracionales y, por
momentos, tan alejadas de la realidad.
Me encantaría saber como llego este portal a las redes de
Serbia, evidentemente las noticias vuelan mas de lo que uno imagina, porque en
la antigua Yugoslavia nos siguen con frecuencia, quizás sientan el respaldo de
un ser redactando historias.
Y mucho mas cerca de casa, viajando por Latinoamérica nos
encontramos con muchos hermanos, que nos siguen desde Brasil hasta el Alto Perú,
desde Venezuela hasta el Uruguay, donde las ganas de leernos son más fuertes que
la distancia que nos separa, y los textos viven en cada voz que los pronuncia,
casi como susurros por las mañanas de silencio.
En Chile hay primos que recibieron la visita de nuestra
paloma mensajera, que camino a Canadá arrojo unas copias con cada publicación,
y hasta nos han seguido en España, pues de allí venimos, de las Islas Baleares,
tal vez no hayan sido ellos, pero estamos cerca de casa, nuestros ancestros nos
miran de reojo, se pueden sentir sus pasos y suspiros en esta parte.
Y Argentina es la madre de nuestras ideas, la ilusoria que
nos metió en esto, la que me miente y se cree mis mentiras, la que me empuja a
tomar el lápiz y rayar la hoja entera con ideas completamente incomprensibles.
Parece mentira cuando comenzamos a escribir nuestras
historias, nuestra manera de observar la vida, porque la vida mas que ver es
observar, adentrarse en situaciones, crear ideas para solucionar problemas de
la vida común, para no venderte fruta en mal estado.
No buscamos salvar al mundo de todos sus males, solo
intentamos tirarle un baldazo de agua helada al torso de la sociedad,
demostrarle que mas allá de la globalización, algunos estamos conectados por
cosas mas profundas e intensas. Que utilizamos la tecnología para darnos un
cariño, porque la maquinas nos han hecho seres fríos, ajenos a la realidad, es
por eso que El Portazo es un Tomahawk de sentimientos.
Unos pocos peligros sensatos, como bien dice el hombre de
gafas oscuras, se buscan en la red, que no existe, que nunca existió, que nos
hizo dependientes de su existencia irreal, pero que al mismo tiempo nos mantiene
en contacto. Cuestión de segundos tardaron en leer la nota de “Una señora bajo
la lluvia” en Italia, pero quien demonios levanta la voz en nombre de El
Portazo, quien representa este sueño que algún día se bajo de una cerebro a un
papel.
Los barcos atraviesan océanos velozmente, rompiendo el
oleaje, y las noticias vuelan a velocidades inusitadas pero siempre en el
medio, alguien las maquilla, les da un retoque de colores y gamas, para que el
material llegue con cierto interés social. Es allí donde nace El Portazo, donde
la censura se disfraza de noticia, donde la mentira se bate con una pizca de
verdad.
Las montañas pueden detener vientos, pueden mover los suelos
y crear nuevas montañas, pero jamás han logrado detener esta catarata de
verdades, este incesante relato callejero, que ahogado en pasiones, se revuelca
con la realidad que a diario, intenta colocarnos una venda en los ojos y que
todos, por mas que lo rechacemos, nos sentimos a gusto con esa venda, que nos
tapa el sol, que nos oculta tras una mascara, que nos envía un mensaje de texto
pero, que tímidamente no se anima a decir Te Quiero cuando estamos frente a
frente.