Que linda sombra se poso sobre Buenos Aires la
noche de anoche...
Fue fabulosamente hermoso sentirte desde
arriba, comprender que un solo ser puede unificar culturas e ideales, alejar
diferencias.
Solo un ser es capaz de generar tal moviola, y
la religión que siga creyendo en sus dioses omnipresentes.
Mi dios vive en mí, me habla y me canta al oído
su poesía.
Por esa razón, cientos de jóvenes alienados se
entregaron a la noche Spinettera, puras sonrisas y con la emoción a flor de
piel.
La fundación a la que el flaco siempre estuvo
dispuesto a colaborar decidió honrar su nombre y su obra por sobre todas las
cosas de esta puta ciudad.
Alejándonos por un rato de los males de este
mundo, uniéndonos con la poesía que nos gusta oír.
Luís ya no esta, pero como siempre digo, vive
en cada momento, en cada situación, en cada historia que lo recordamos, y sobre
todo en cada acorde que el nos inspira.
Como dijo un jovencito que al son de su
guitarra realizaba un cover de “que ves el cielo”, el flaco siempre decía que
no imitemos sus temas, que creemos nuestra propia música con sentimientos del
alma como el lo hizo tanto tiempo.
Que bella sensación la de encontrarnos todos
bajo el mismo lema, en primer lugar me dirigí hacia Matienzo, tarde como
siempre, por el dilema de ir a la facultad los días de conciertos, así que
enfile tipo 10, y la puerta se encontraba llena de personajes deseosos de
saciar su sed y su hambre de rock nacional del bueno y original.
En ese momento recibí un llamado de mis amigos
que se habían reunido unas cuadras mas adelante, en el centro cultural Fitz
Roy, allí era otra de las sedes que rendían homenaje al más grande compositor
de Latinoamérica.
El ambiente no podía discernir demasiado del
anterior barcito, gente con sonrisas explayadas en sus rostros y porrones de
cerveza para acompañar la velada, que seria mágica e histórica.
En el interior del bar., una salita mediana
cerraba sus puertas para oír a las banditas, que se erigían entre temas de
propia autoría y covers del Flaco que generaban el despegue de más de uno.
En cierto momento se convirtió en una nave
espacial con autonomía propia, era el mas hermoso de los combustibles, esos que
no contaminan el aire…era la imaginación de todos los allí presentes despegando
hacia otro lugar.
Y la noche se iba encaminando para un cierre
magnifico, cuando todos gritamos y sentimos en el alma un golpe de calor.
Ingresaron en esa aula magnifica, unos
jóvenes, guitarras, violín, e improvisación para presentarse.
En ese momento, el joven guitarrista le
propuso a los comensales entonar una canción de su autoría coreando entre todos
“ea ea ea Luis Alberto”
Y las lagrimas rodaron por las mejillas de las
jóvenes, que sentían la emoción, como si el mismísimo Flaquito estuviese allí
presente.
Como lo estuvo tantas noches, y tantos días de
rock, de seguro nos acompaño el también en todos los bares, todos los acordes,
todas las puras melodías, que no son de nadie, que son del viento, y quedan
para alegrarnos la vida, y extrañarlo una vez mas.
Porque Luis fue, es y será el líder de tantos sentimientos, tantas enseñanzas que nos dejo como legado.
Más que música, fueron ideales, fue amor. Fue
Spinetta.
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