viernes, 6 de septiembre de 2013

Un Río llamado 9 de Julio

Cada mañana amanecen miles hambrientos talentosos, siempre el mismo fin. Llegar hasta el próximo atardecer, morfar algo y si el rió viene cargado de peces gordos, conseguir buena bebida.
En fin, buscando zafar a orillas del Río Avenida, atravesado por miles cada segundo, que aunque no lo deseen, siempre algo dejan.
Las formas y actuaciones para ganarse la vida son muchas; aquí conviven talentosos que nunca serán conocidos, malabares, jueguitos con un balón y la 10 de Messi comprada en un bolishopping del eleven. Están los que recurren a la vieja escuela, te limpian el vidrio probablemente con agua de la fuente, y no tienes opción, te limpio o te limpio. Estas en el Río Avenida, algo dejarás…
Otros se dedican a la venta, cuando la luz roja detiene a los conductores, demuestran su agilidad logrando ventas en cuestión de segundos, demostrando su calidad para sobrevivir, aunque pocos lo noten, los rubros son variadísimos, se puede conseguir desde pipas, pasando por pañuelos descartables, hasta la compra de cargadores para celulares, todo tipo de juguetes inflables para niños, un sector comercial que escapa a las estadísticas gubernamentales.
Incluso por la mañana, se puede observar un par de pibes durmiendo bajo el obelisco, la mayor cascada de este Río, ante el olvido de la sociedad, se convierte en hotel por las noches, alojando el frió en los huesos.
El Río Avenida alimenta a miles, es hogar de unos cuantos, punto de encuentro nacional, donde han ocurrido las mayores anécdotas, donde todo se concentra y enfoca. Por aquí pasaron todas las marchas, protestas y represiones, allí cayeron varios, con las rodillas raspadas y de cara al sol, casi  pidiendo misericordia a la Diosa Avenida.
Mil amores comenzaron allí, y mil temas se tocaron en cada concierto, siempre ella te deparara algo más, casi como una Argentina que más desea y le dan, porque ella siempre tiene una noche más para vos.
La 9 de Julio lleva en su nombre la historia, nunca olvida, la han maquillado casi como una modelo antes de salir al desfile, la más ancha del mundo, las más locas anécdotas jamás reproducidas, llantos y sonrisas.
El día del fin la avenida se sumergirá en la tierra para nunca volver a ser, todos los edificios de los alrededores se unirán, así como se unían los continentes previo a su separación, en su proceso se tragara a millones, que nadie reclamara, porque les pertenecen.

La avenida será una pequeña callecita olvidada, con pasto creciendo entre sus adoquines, y unos pocos ancianos recordaran los días de éxito y luminosidad, cuando recibía a cientos de miles en sus pies, cuando era el centro del territorio nacional, cuando el agua corría como la sangre por las venas.

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