Cada mañana amanecen miles hambrientos
talentosos, siempre el mismo fin. Llegar hasta el próximo atardecer, morfar
algo y si el rió viene cargado de peces gordos, conseguir buena bebida.
En fin, buscando zafar a orillas del Río
Avenida, atravesado por miles cada segundo, que aunque no lo deseen, siempre
algo dejan.
Las formas y actuaciones para ganarse la
vida son muchas; aquí conviven talentosos que nunca serán conocidos, malabares,
jueguitos con un balón y la 10 de Messi comprada en un bolishopping del eleven.
Están los que recurren a la vieja escuela, te limpian el vidrio probablemente
con agua de la fuente, y no tienes opción, te limpio o te limpio. Estas en el Río
Avenida, algo dejarás…
Otros se dedican a la venta, cuando la luz
roja detiene a los conductores, demuestran su agilidad logrando ventas en
cuestión de segundos, demostrando su calidad para sobrevivir, aunque pocos lo
noten, los rubros son variadísimos, se puede conseguir desde pipas, pasando por
pañuelos descartables, hasta la compra de cargadores para celulares, todo tipo
de juguetes inflables para niños, un sector comercial que escapa a las estadísticas
gubernamentales.
Incluso por la mañana, se puede observar un
par de pibes durmiendo bajo el obelisco, la mayor cascada de este Río, ante el
olvido de la sociedad, se convierte en hotel por las noches, alojando el frió
en los huesos.
El Río Avenida alimenta a miles, es hogar
de unos cuantos, punto de encuentro nacional, donde han ocurrido las mayores
anécdotas, donde todo se concentra y enfoca. Por aquí pasaron todas las
marchas, protestas y represiones, allí cayeron varios, con las rodillas
raspadas y de cara al sol, casi pidiendo
misericordia a la Diosa
Avenida.
Mil amores comenzaron allí, y mil temas se
tocaron en cada concierto, siempre ella te deparara algo más, casi como una Argentina
que más desea y le dan, porque ella siempre tiene una noche más para vos.
La 9 de Julio lleva en su nombre la
historia, nunca olvida, la han maquillado casi como una modelo antes de salir
al desfile, la más ancha del mundo, las más locas anécdotas jamás reproducidas,
llantos y sonrisas.
El día del fin la avenida se sumergirá en
la tierra para nunca volver a ser, todos los edificios de los alrededores se unirán,
así como se unían los continentes previo a su separación, en su proceso se
tragara a millones, que nadie reclamara, porque les pertenecen.
La avenida será una pequeña callecita
olvidada, con pasto creciendo entre sus adoquines, y unos pocos ancianos
recordaran los días de éxito y luminosidad, cuando recibía a cientos de miles
en sus pies, cuando era el centro del territorio nacional, cuando el agua corría
como la sangre por las venas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario