Pone el agua.
En el bunker hay una frase de cabecera que representa la mayoría
de los actos en los cuales se conforman reuniones con nutridas charlas y
sobremesas.
Yo tiro los fideos, el que viene, viene y el que no, comerá
recalentado.
Si los mates están listos se toman, si llegas para la
segunda vuelta, cambiamos la yerba.
Es un punto de encuentro con uno mismo, los personajes y las
historias pasan asi como pasan los días.
No te digo que es el café de los surrealistas, pero si un
lindo rinconcito para tomarse un descanso del mundo, reírse aunque el sol se
vea un ratito, y solo durante la mañana.
Quizás eso sea porque la luz la traen los asiduos
visitantes.
Cuatro generaciones, nosotros, Jerito y yo, amigos de la
infancia. La época del viejo y los memorables guisos, el flaco Díaz y sus
puchitos, El cabezón Peroza, Fede, hermano del viejo, la prima de ellos, y las
amigas de la prima.
Raquel, el fantasma que siempre estuvo, lo sabemos los que allí
habitamos, lo saben los amigos que se acercan y siempre reciben la demostración
de su presencia, aunque algún incrédulo no se haga eco de su presencia. Ella
esta allí, para despertarte con un golpe de puertas, con un viento que te roza
la cara, con su espíritu que parece irse y volver a cada rato, ella es la que
aun no conocemos, pero bien no tiene a su merced, bella Raquel.
Visitas para todos los gustos, sabemos.
Ya puse el agua, y el que llego se sienta a disfrutar, y nos
comparte su locura y sinceridad, es un lugar en el mundo como tantos otros,
aunque no haya ninguno que se le parezca.
El bunker te atrapa como jamás imaginarias. Cuando uno entra
puede confundirse con la cueva de un oso, por el aroma inconfundible, después,
por alguna extraña razón se hará difícil dejarlo, quizás la energía, tal vez la
vibración de los cuerpos.
Mil fiestas con amigos, mil nacionalidades diferentes nos
acercaron su cultura, artistas y personajes extravagantes. Las canciones y los
partidos de fútbol, el día después de cada fiesta, donde te podes encontrar con
cualquier regalo, ser o situación.
Las tremendas borracheras, las cervecitas de martes por la
noche, el humo en el pasillo de entrada, el aroma a flores proveniente de ningún
jardín.
Las mil y una cenas en la picoña, los mejores sándwiches del
barrio, los delibery de pizza gigante, los almuerzos haciendo trabajos para la
facultad, las milanesas de la vieja, los platos de arroz saboreados en colores.
Los 80 millones de “pone el agua” es el bunker, debajo de
los 5 pisos pero bien cerquita del cielo.
Con más energía concentrada que una
bomba atómica.
El que vino sabe, y el que probó el vino, decidió volver por
alguna razón, ni hablar de las polentas del loco regadera, de las charlas y de
las películas que no terminamos de mirar porque nos quedamos dormidos como
bebes.
Casi como una peluquería llena de viejas donde cada semana,
traen noticias, alegrías y desdichas para compartir. Sabiendo que el bunker,
así como un peluquero, escuchara atento a cada uno de los seres que se atrevan
a pasar el umbral de la locura.
Tomi, groso! leo siempre lo que escribís. Hace bastante se lo dije a Jero. PlaSER leerte.
ResponderEliminarGracias por tomarte un segundo para leerlos Manu, se hace dificil en esta calesita que gira y no nos deja detenernos a tomar un sorbo de agua literal. Beso grande loca,
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