viernes, 6 de septiembre de 2013

De tus locuras un Hogar

Pone el agua.

En el bunker hay una frase de cabecera que representa la mayoría de los actos en los cuales se conforman reuniones con nutridas charlas y sobremesas.
Yo tiro los fideos, el que viene, viene y el que no, comerá recalentado.
Si los mates están listos se toman, si llegas para la segunda vuelta, cambiamos la yerba.
Es un punto de encuentro con uno mismo, los personajes y las historias pasan asi como pasan los días.
No te digo que es el café de los surrealistas, pero si un lindo rinconcito para tomarse un descanso del mundo, reírse aunque el sol se vea un ratito, y solo durante la mañana.
Quizás eso sea porque la luz la traen los asiduos visitantes.
Cuatro generaciones, nosotros, Jerito y yo, amigos de la infancia. La época del viejo y los memorables guisos, el flaco Díaz y sus puchitos, El cabezón Peroza, Fede, hermano del viejo, la prima de ellos, y las amigas de la prima.
Raquel, el fantasma que siempre estuvo, lo sabemos los que allí habitamos, lo saben los amigos que se acercan y siempre reciben la demostración de su presencia, aunque algún incrédulo no se haga eco de su presencia. Ella esta allí, para despertarte con un golpe de puertas, con un viento que te roza la cara, con su espíritu que parece irse y volver a cada rato, ella es la que aun no conocemos, pero bien no tiene a su merced, bella Raquel.
Visitas para todos los gustos, sabemos.
Ya puse el agua, y el que llego se sienta a disfrutar, y nos comparte su locura y sinceridad, es un lugar en el mundo como tantos otros, aunque no haya ninguno que se le parezca.
El bunker te atrapa como jamás imaginarias. Cuando uno entra puede confundirse con la cueva de un oso, por el aroma inconfundible, después, por alguna extraña razón se hará difícil dejarlo, quizás la energía, tal vez la vibración de los cuerpos.
Mil fiestas con amigos, mil nacionalidades diferentes nos acercaron su cultura, artistas y personajes extravagantes. Las canciones y los partidos de fútbol, el día después de cada fiesta, donde te podes encontrar con cualquier regalo, ser o situación.
Las tremendas borracheras, las cervecitas de martes por la noche, el humo en el pasillo de entrada, el aroma a flores proveniente de ningún jardín.
Las mil y una cenas en la picoña, los mejores sándwiches del barrio, los delibery de pizza gigante, los almuerzos haciendo trabajos para la facultad, las milanesas de la vieja, los platos de arroz saboreados en colores.
Los 80 millones de “pone el agua” es el bunker, debajo de los 5 pisos pero bien cerquita del cielo. 
Con más energía concentrada que una bomba atómica.
El que vino sabe, y el que probó el vino, decidió volver por alguna razón, ni hablar de las polentas del loco regadera, de las charlas y de las películas que no terminamos de mirar porque nos quedamos dormidos como bebes.

Casi como una peluquería llena de viejas donde cada semana, traen noticias, alegrías y desdichas para compartir. Sabiendo que el bunker, así como un peluquero, escuchara atento a cada uno de los seres que se atrevan a pasar el umbral de la locura.

2 comentarios:

  1. Tomi, groso! leo siempre lo que escribís. Hace bastante se lo dije a Jero. PlaSER leerte.

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  2. Gracias por tomarte un segundo para leerlos Manu, se hace dificil en esta calesita que gira y no nos deja detenernos a tomar un sorbo de agua literal. Beso grande loca,

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